miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cómo Sobrevivir a Perro Paisajista


Yo no he hecho nada.


Homero. Es un Golden Retriever que llegó a nuestras vidas hace exactamente un año. Homero es el perro más dulce que he tenido desde que tuve mi primer perro a los quince años. El puede pasar del agua y de la comida con tal de que le hagas cariño. No le importa si tienes café caliente o vino en las manos, te lo garantizo que te lo va a echar encima si haces contacto visual, porque va a ir a forzar su cabeza entre tus manos para que lo acaricies. Sí, la culpa es mía, yo malcrío a los perros.

Antes de que llegara Homero yo había arreglado el jardín. Nunca he sido de plantas, ni matas, ni me sé los nombres de los árboles, ni entiendo de huertos, de transplantados. Me encantan las flores, lo verde, pero no es lo mío. Soy demasiado dispersa para el cuidado que requieren algunas matas, lo confieso, pero estoy decidida a tratar. Una de las razones por las que hice un huertico y arreglé el jardín es que como a mis papás les encanta pues yo los sentía más cerquita. Pero entonces me sentía muy sola y salí a buscar a Homero.

Bueno, Homero, como pasa con todos los perros le toma un tiempo adaptarse a la familia, para él la manada, al entorno, a la rutina. Pasan unos tres días de capa caída pero después son unos tres meses dependiendo de la edad del perro para que de verdad se adapte. Una de las cosas que he aprendido en estos años es que no todos somos buenos entrenadores de perro. Yo soy un verdadero desastre, lo reconozco. Apapacho, consiento, y he llegado a humanizar al perro cosa que es un error garrafal que después terminamos pagando los dos. El caso es que con Homero busqué ayuda de un entrenador, cosa que en México no es tan costoso y me ayudó un imperio. Sí, reconozco que hubo días en que no sabían si entrenaban al perro, a mí o me daban tips invaluables para criar a mis hijos. El caso es que la llegada del entrenador fue una bendición.

Homero, como buen cachorro, y Golden tiene el instinto de hacer agujeros en la tierra y arrancar las matas. El primer consejo es cansarlos para que no tenga ni energía de pensar en eso. Otro es dejarle un espacio del jardín, donde haya tierra fresca y húmeda (los golden pasan mucho calor, al igual que otras razas), porque a ellos aunque a uno les parezca asqueroso, le parece que no hay mayor placer que echarse sobre tierra húmeda.

Otra de las razones por las que arrancan matas es por ansiedad. Sí, esa fase paisajista no tiene nada que ver ni con celos a las flores, ni disgusto por el olor, a veces es porque se quedó solo, porque se siente olvidado, porque sabe que así llama la atención de su dueño.

El truco infalible para combatir las embestidas contra las plantas es: el tabaco. Así como lo oye mija. Uno agarra tabaco, se lo restriega en la nariz al perro, eso lo hace estornudar y luego se esparce entre las matas y es un santo remedio. Los perros detestan el tabaco, así que apenas lo sienten se alejan. Lo malo es que se diluye muy rápido, así que hay que volverlo a aplicar cada dos días más o menos. Pero en un par de semanas, ya ni se acercan a averiguar. Y si con el paso del tiempo lo vuelven a hacer (sí, Homero ha vuelto a traer una planta, arrancada desde la raíz en plan, mira ¿verdad que yo soy fuerte y logro lo que me propongo) con volver a empezar rapidito se dan cuenta que por ahí no van los tiros. Sin embargo es importante reconocer las necesidades de su raza para que ellos desahoguen esa energía y ese instinto de otra forma porque si no van a ir a destrozar otra cosa.


lunes, 13 de noviembre de 2017

Sobre Coco


 

Amamos Coco. La historia de un niño que sueña con ser músico a pesar de que en su casa se lo prohíben por la historia familiar. Entonces Coco, para realizar sus sueños termina en la tierra de los muertos, donde se encuentra con su familia, sus raíces, pero sobre todo reafirma su convicción de lo que ha venido a hacer en la vida.

La belleza de Coco es que está enmarcada en la tradición mexicana del Día de Muertos. Quizás uno de los eventos culturales más espontáneos que haya vivido. México se transforma para el dos de noviembre. Todo se llena de cempasúchil y calaveras de colores, y a pesar de que por la cercanía con el Halloween todo tiene un aire macabro, en realidad es un día el se celebran los amores más grandes que se hayan tenido en la vida. La familia, los amigos, y la huella que ellos han dejado en nuestras vidas.

Creo que a la larga Coco tiene una importancia mucho más grande de lo que podamos imaginar, porque la película plantea un tema que ha sido uno de los grandes problemas de América Latina: la memoria. Cómo recordamos, cuándo y por qué, pero sobre todo la otra cara de la moneda: el olvido. Somos un continente de olvido. Estando en México me he dado cuenta que es un mal que padecemos en muchos países de la región. Aunque México hace un gran esfuerzo por mantener su memoria y celebrar su historia, todavía hace falta que ese fenómeno permee en la gente. Sobre todo en cuanto a la gloria prehispánica se refiere.

Una de los grandes temas de Coco es que para saber quién eres, para entender bien tu destino y tu propósito en la vida es fundamental conocer tu historia y saber de dónde vienes. Si tomamos este punto de reflexión, el tema no sólo tiene que ver con conocer tu historia familiar, sino la de tu país. El viaje de Coco, el mismo título de la película, alude a la herencia que recibimos de nuestros antepasados y que mantenemos viva no sólo en el altar del día de muertos, sino en la forma de compartir la vida, en cómo nos apoyamos unos a otros y como de generación en generación se transmite el amor.

Otro de los aspectos importantes de la historia de Coco es el matriarcado. La película arranca con la historia del bisabuelo de Coco, que abandonó su hogar y dejó a su mujer y su hija. Esta es la realidad de millones de mujeres en nuestro continente. Somos una cultura machista, pero de matriarcado, en el que empuje de las mujeres saca los hogares adelante. En Coco no hubo una fórmula mágica para resolver el abandono del padre, sino una mujer que no se amilanó, ni se echó a morir, sino que salió adelante. Que la vida la endureció ¿pues a quién no? Pero en la resiliencia está también el secreto del éxito en la vida.

La grandeza de Coco está en que para abordar estos temas y contar esta historia, se apoya en las tradiciones mexicanas. Es que México tiene una serie de tradicoines y elementos culturales llenos de magia. Uno de los ejemplos más bellos son los alebrijes, objetos artesanales en los que el artesano interpreta sus sueños y crea una especie de animal, producto de su imaginario más profundo. La música, no es un elemento accidental tampoco. Quien ha venido a México sabe que no es raro en una noche cualquiera que el viento traiga de lejos el sonido de una fiesta de mariachis. Aquí todo se canta, incluso cuando se preparaban las ayudas para las víctimas del terremoto se cantaba. México con todos sus problemas es un país lleno de color, de emoción, cuya historia y tradiciones tienen mucho que enseñarnos de la vida. Es una herencia prehispánica, que emociona a todo el que se acerca a ella y me tomo permiso de generalizar.

A pesar de una que otra mínima laguna del guión, que sí la hay, pasa desapercibida porque Coco es una historia honesta, mágica, que quiere tocar al espectador sin importar la edad. Que no ha venido a dar lecciones, ni trae moralejas baratas, pero que sobretodo nos viene a recordar que la cultura y las tradiciones no son ni algo grandilocuente y alejado de quien no sea erudito, sino más bien parte de la vida. Nos recuerda que el amor más grande es la familia y que la muerte nos arranca del mundo pero si sabemos vivir bien la vida seguimos presentes en la memoria de aquellos a quienes tocamos mientras estuvimos en este mundo.


Rating: 5/5.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Experiencias de una que odia el ejercicio

Para la rehabilitación de mi tobillo me mandaron a montar bicicleta o hacer elíptica. Soy una floja incurable. El ejercicio es mi karma. A mí todo tipo de esfuerzo físico me da una flojera tan grande que no tengo cómo ponerlo en palabras. Sólo me decido a ir hacer ejercicio cuando estoy en la playa, padeciendo las lonjas de la barriga, viendo a la mamá fitness al lado mío que hace tres horas diarias de gimnasio y mientras me aplico protector en mi estrujado cuerpo me prometo: cuando regrese a la casa me voy a poner a hacer ejercicio, ahora sí. Lo juro que sí. También me lo prometo en distintos probadores cuando la talla que creo que soy en mi cabeza no se ajusta a la realidad de mi culo del tamaño de Estados Unidos. Voy a correr. Voy a hacer yoga todos los días. Voy a ser esa chama que anda en lycras a las tres de la tarde y que hable el mundo lo que quiera.

Mentiras.  A lo largo de los años he intentado de todo. He dejado inscripciones en gimnasios, piscinas (nadar es lo que más he hecho con consistencia), estudios de yoga. Hasta probé el feldencrest una vez. Nos mandaron a cerrar los ojos para ver cómo estaba alineado nuestro cuerpo y yo me desmayé.

Pero esto ya no se trata de ser flaca, linda, ni siquiera de la salud cardiaca, esto es sencillamente que si quiero mi pie de nuevo tengo que hacer ejercicio. Resulta que con la inmovilización de la fractura perdí todo el músculo de la pantorrilla. Pero no es sólo eso, como siempre he sido floja también hacen falta los músculos grandes que nunca he movido. Así que nada. Que tengo que despertar a la Jane Fonda que está bien pero bien enterrada dentro de mí y traerla a la vida sino quiero ser la maldita lisiada de por vida.

No me decido entre la bicicleta y la elíptica que fue lo que me recomendaron. Me provoca horrores montar bici al aire libre. Pero hay dos obstáculos. El primero, la última vez que me monté en una bici me fui de lado y me paré sangrando, no había pedaleado ni tres vueltas a la cadena. Me rescataron unos señores. Me volví a montar y seguí adelante, pero bueno, digamos que no soy Miguel Indurain. El otro es que la bici tendría que montarla en el carro, llevarla al parque. En fin, que tomaría un tiempo que uno no se da cuando está empezando algo que le da flojera. Pensaría en nadar, pero pasa lo mismo y con el frío en Ciudad de México voy a empezar que si la tos, que si el pelo mojado, que si la cambiada, que si la secada.

Me sale máquina de ejercicio si quiero ser realista y ver resultados.

Eso me dije durante la última semana y ayer fui a comprar la bendita máquina. El caso es que llegué a una tienda de equipos y me atiende un señor musculoso. Amable. Estaba casi decidida a comprar la bendita elíptica cuando de pronto, de dónde eres, qué sonrisa tienes, qué linda eres, esta máquina te va a poner, pero bella, en fin. Sin preguntar, sin mediar palabra aquí el vendedor pensó que yo había ido a comprarla para ponerme buenota.

Me salí de la tienda frustrada, incómoda, de pésimo humor. No quiero caer en el purismo de moda de que no te pueden echar un piropo porque ya es acoso. Pero cuando a la tercera carga ya no contestas y pone cara de pocos amigos creo que debería ser suficiente. ¡Ya! Lo que es más, por qué carajos tenemos que ir todas las mujeres a hacer ejercicio para “ponernos buenotas”.

No soy del clan “buenota”. No me interesa la verdad. Ya una vez me dijeron que me pusiera las pilas porque la competencia era dura, que las mujeres hoy en día no tienen celulitis, que las flacas no comen pan, que los hombres se fastidian. Si se fastidian de mí porque no estoy buenota (ojo, ya me ha pasado, gracias.), pues que se fastidien, que se vayan. Yo cultivo otras cosas. Tengo otras prioridades e intereses. No quiero vivir para andar cómoda en traje de baño. Yo me pongo un traje de baño y salgo a vivir. Y ya. Llegar a este punto me ha costado un montón y si me pongo a hacer ejercicio aunque sé que tendrá otros efectos beneficiosos como resistencia, salud cardíaca, etcétera, lo hago por una meta específica de mi condición actual y no por ir a ser el objeto que la sociedad espera que yo sea.


No compré esa elíptica. No pienso recomendar, ni volver a pisar esa tienda. Sigo sin aparato y ya se me monta el tiempo encima. Les iré contando lo que decida a ver qué me recomiendan. En todo caso, si algún día van a vender equipos de gimnasio no atosiguen a sus clientes, no asuman que las mujeres que entran a ver sus productos están en plan quiero-ser-miss-dependencias-federales. Es desagradable, es una falta de respeto, está mal, y para más colmo te cuesta tu comisión y a tu negocio un cliente.    

lunes, 23 de octubre de 2017

BookTubing: 5 libros sobre política





En este post recomiendo 5 libros (y uno de ñapa) que nos ayudan a aproximarnos a la política. Son libros en su mayoría fáciles de leer, que no requieren conocimientos previos, que nos abren la puerta a diversas interrogantes y que no estimulan a seguir aprendiendo. Lo importante es que tener en cuenta que siempre necesitamos aprender de diversos temas, incluida la política y que muchas veces a través de lo que aprendemos nuestra percepción cambia y con ella nuestras opiniones. En todo caso así nos formamos una mejor visión del contexto en el que vivimos.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Son solo pantalones




Ah la moda. Ese cuchillo para nuestras gargantas femeninas. Yo no es que sea fashion victim, pero de vez en cuando sí me gusta tener una que otra cosa de esas que te dicen “esto está súper de moda”. Aunque debo reconocer que dicha frasecita hace que por dentro la cabeza me de vueltas a lo Linda Blair. No soy mucho de comprarme ropa y siempre termino padeciéndolo de alguna manera. Porque me encanta tener cosas pero no gastar y soy de esas personas que se espantosa en un cambiador. Detesto tener un espejo tan cerca de mí y tener que confrontar mis defectos magnificados. Me mudé a México con pocas cosas y he estado tratando de mantener el propósito de no acumular demasiado. Aunque veo mi closet y me parece que es una grosería de acumulación de mierda y sólo tengo un año aquí.

El caso es que a raíz de la fractura de tobillo tuve que comprarme algo de ropa porque resulta que las férulas, botas, y pies hinchados tienen requerimientos especiales. Así que tuve que optar por pantalones anchos, leggins y tal y qué se yo. El caso que me metí en una tienda virtual, porque eso de ir al centro comercial en muletas olvídenlo y lo que encontré me dejó sinceramente espantada.

En primer lugar se ha puesto de moda las caras de tragedia en las modelos. No todas. Algunas están contentas con los que les tocó y al parecer han estado escuchando audiolibros de Deepak Chopra, pero otras te ven con una tristeza, que me pregunto si vendrán a representar el pesimismo de nuestra era. Yo suelo ser apocalíptica con mi visión del mundo, pero luego de ciertos análisis te das cuenta que en general la humanidad no está tan mal y que a pasos más grandes de lo que pensamos, a pesar de que aún vemos cosas terribles en el mundo, hemos avanzado. Yo solía deprimirme con los noticieros, ahora ees viendo anuncios de ropa y no solo porque fallo una y otra vez en mi intento de bajar de peso ¿Qué pasa con las caras largas de la moda?

Me pregunto ¿qué le dicen a las modelos? ¿Por qué nos quieren presentar una gente que está tan apagada y tan descontenta con la vida? No digo que todo tenga que ser sonrisas forzadas, pero la verdad prefiero la mirada exagerada de me voy a comer el mundo tipo Joan Collins y Lupita Ferrer, o sonrisas tipo Lucerito, hasta malandra elegante tipo Angelina Jolie, que esa cara de tragedia que pareciera que en la campaña a la modelo le hubieran dicho “piensa que cuando llegues a tu casa lo único que te espera es un pote de somníferos y agua de chorro”.

A lo mejor la tristeza de algunas de estas mujeres no es un tema existencial. Quizás todo se deba a un rollo con la ropa que tienen que llevar puesta. Es deprimente entrar a las tiendas y pensar ¿dónde? ¿cómo se están vistiendo las mujeres normales? La verdad es que si eres flaca, pero flaca tipo que comes una vez al mes lechuga orgánica espolvoreada con cardamomo, perfecto. Cualquier cosa se te puede ver bien. Mentira, no quiero ser eco de esa imagen corporal, en realidad hablo de niveles de flacura Photoshop. A las modelos, a pesar de sus caras trágicas se les ve bien, pero a uno.

Y no nada más es un tema de flacura. Es que tampoco provoca parecer un fashion victim, un engendro de Sarah Jessica Parker. ¿Qué pasó con la ropa normal? ¿Creativa pero normal?

Me toca usar pantalones bota ancha, por el tobillo sí, pero también por un tema de oferta de artículos de ropa. El problema es que yo me pongo estos pantalones y siento que lo único que me falta es un carrito de supermercado y unas bolsas amarillas para ir por la vida como el relevo generacional del Pataruco y la Botella. En serio. Ni hablar de las camisas. Todos los tops o están recortados a nivel de las mangas, lo que me hace pensar en un divorcio de esos horribles en los que después de que ella le rayara el carro a él con una llave él procediera a cortarle toda la ropa (¿Habrá sido esta la inspiración de este diseño? A lo mejor es la lucha de una mujer que hizo de su tragedia su arte) o unos flecos estilo Piratas del Caribe que a mí no se me dan. Los estampados son de flores. Flores, como las que tenía mi abuela en un papel tapiz que ya en el ochenta se veía feo.

Después está la ropa rota. La verdad ya me acostumbré a los jeans rotos, pero hace unas semanas me puse uno delante de mi papá que no podía aceptar, sencillamente no podía procesar el hecho de que yo hubiera pagado y sacado de una tienda ropa rota. Si supiera que ya no sólo son jeans, son sweaters también. Y si no están rotos algunos tienen apliques que parecen inspirados en las cajitas de pega y pasta que hacíamos en un kínder para el día de la madre.

Otro tema es las tallas. Esta moda de la ropa veinte tallas tu tamaño es tan poco afortunada para gente de estatura y peso mediano como yo, como lo eran los famosos bodies de los noventa. Y lo peor es que a esta edad el look rapero se ve mucho peor. ¿Entonces cuál es la alternativa? Ir a la sección en que hay ropa más, ¿elegante? ¿adulto contemporáneo? ¿vieja chic? ¿clásica? O como la llaman ahora para no hacerte sentir tan mal – porque si estás deprimida por la ropa no compras, ¡genios! – timeless. El caso es que la ropa timeless es exactamente eso, no tiene época por lo que me hace recordar a las directoras y subdirectoras de mi colegio, a las maestras de religión, es decir a todo el parque de personajes que desde chiquita yo asociaba con el mundo extinto de los dinosaurios, con todo respeto, por su edad. No. Tampoco estoy lista para eso.


Yo lo que quiero es encontrar de nuevo moda normal. Aunque tampoco sé qué es eso. Quizás estoy en un limbo de edad, de cuerpo, de todo. De que a lo mejor cuando todavía te estás buscando hasta en la ropa te pierdes. Aunque por otro lado, al final del día, son solo pantalones. Y ya. 

lunes, 21 de agosto de 2017

El Último Metro - Francois Truffaut

Uno de los planos más bellos de la película en el que vemos a Marion viendo a Bernard a través del espejo, como se han visto desde el comienzo, es decir desde el espejo de la vida que es el teatro y el cine en general. Quien mira al espectador y está fuera de la escena es Lucas, el esposo, pero no deja de estar presente. Es curioso además que en la realidad quién está más cerca del espectador es Bernard, pero por el efecto del espejo está más lejos en el plano, mientras que Marion da la espalda al público y Lucas lo confronta. Estos son los dealles que hacen grande a Truffaut. Nótese la segunda mano de Marion en el doblez del espejo, que hace resonancia con lo que Bernard le dice siempre a las mujeres cuando para seducirlas hace como si leyera la palma de su mano: veo que en ti hay dos mujeres. Lo mismo sucede con Marion, una es la que lucha contra por su teatro, esconde a su marido y no se doblega ante los Nazis. Otra la que está tratando de sobrevivir y volver a amar en libertad. 

El Último Metro es una película de Francois Truffaut protagonizada por Catherine Deneuve y Gerard Depardieu. 1944 en París, durante la ocupación Nazi Marion Steiner (Catherine Deneuve) se prepara para estrenar una obra de teatro, que protagonizará junto a Bernard Granger (Gerard Depardieu). En medio de las enormes dificultades de vivir en una ciudad ocupada en plena Guerra Mundial, tienen que sortear obstáculos como conseguir una visa de censura a través del beneplácito de un crítico que se ha unido a los nazis y que no hace sino exclamar su antisemitismo. 

Su marido, Lucas Steiner (Heinz Bennent), es un hombre de gran reconocimiento en el mundo teatral y todos lo creen ya a salvo fuera de Francia, pero en realidad está escondido en el sótano del teatro esperando el momento oportuno para huir. Pero cuando los alemanes invaden la Zona de Liberación sus esperanzan se desmoronan y no le queda más remedio que esperar un milagro, es decir, que termine la guerra, mientras su compañía de teatro se prepara para el estreno de la obra de la cual depende no sólo su teatro sino su vida.

El Último Metro es un drama que muestra la realidad histórica de vivir en París durante la ocupación, en que los ciudadanos tenían que recurrir a medios desesperados para sobrevivir. El título de la película alude al hecho de que en París se vivía bajo la presión de no perder el último metro del día para llegar a casa a tiempo para evadir el toque de queda impuesto por los alemanes. El teatro, además era el refugio en el que los parisinos encontraban calor, ya que durante la ocupación el carbón, como tantos otros bienes, era escaso y casi imposible de costear para una persona común y corriente. Así la gente iba al teatro y pasaba el rato, mientras que las funciones terminaban justo a tiempo para que los ciudadanos corrieran a alcanzar el último metro.

Pero el teatro no era nada más un lugar seguro y cómodo para pasar el rato, sino que como medio cultural era también un refugio y medio de resistencia pasiva.  Lo vemos sobre todo en el personaje de Marion Steiner que a pesar de no confrontar directamente a los nazis se rehúsa a doblegarse ante ellos. A diferencia de Bernard Granger quien sí trabaja directamente con los resistentes exponiendo su vida e incluso a veces la de sus compañeros de trabajo. Así Truffaut inteligentemente utiliza en su guión el mismo medio del teatro, el oficio del actor, las dobles personalidades, las historias escondidas, lo oculto, las máscaras, los disfraces, el maquillaje, que conforman un discurso mediante el cual  nos muestra cómo un país entero logró mostrar una cara ante los ocupantes pero manteniendo intacta su identidad, y su esencia en lo más profundo de su ser.

Es un film lento, pero construido de manera extraordinaria, pues Truffaut,  se toma el tiempo de irnos mostrando los personajes, la relación entre ellos y el triángulo amoroso que inevitablemente habrá de surgir entre Bernard Granger y Marion Steiner, sin hacerlo obvio, sino usando más bien elementos cinematográficos.

Lo bello de este film es que en el fondo es una historia sencilla pero que muestra la gran complejidad de la vida  en guerra e incorpora aspectos de la cotidianidad y la forma cómo estos eventos tan complejos sacan lo mejor y lo peor del ser humano desde la solidaridad y la incondicionalidad hasta la cobardía y la traición.


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Otra cosa excepcional de este film es que casi todo ocurre dentro del teatro, lo que genera una sensación de claustrofobia, pero también nos muestra la cantidad de vida que puede haber dentro de un espacio cultural, cuyo objetivo es recrear otros mundos, desarrollar la imaginación y expandir el alma humana en momentos en que esta se ve acorralada. No es un film de gran tensión, ni es un film de guerra de esos que se centran en grandes escenas de violencia, es grande precisamente porque logra mostrar que incluso en los momentos más duros la vida sencillamente sigue y por más duras que sean las circunstancias lo único que no podemos perder jamás es la esperanza.